lunes, 8 de junio de 2020

Nuevos escenarios de pensamiento en Administración Pública(1): Inteligencia artificial aplicada la Gestión Pública

  Con la ayuda de Cesar Herrero Pombo, operador cotidiano en la Administración local valenciana, me atrevo a lanzar unas consideraciones sobre uno de los escenarios de Gestión Pública en los que andamos ya comprometidos  y que supone realmente un cambio de paradigma en las lógicas del comportamiento organizativo.
Gladden en su monumental obra de Una historia de la Administración Pública volumen 2: Desde el siglo XI hasta  nuestros días, publicado en  1970 y en  el último capítulo dedicado a la prospectiva acerca de “La Administración Pública adaptándose a las necesidades de una nueva época”   señala doce extremos nuevos  a tener en consideración. Entre ellos  se contempla los prolegómenos de la informativización en el proceso de automatización de datos y que hoy ya nos permite hablar de fenómenos de la Inteligencia Artificial (IA) aplicada a nuestras facetas de nuestra vida, y entre ellas, a la Administración Pública.
Decía al respecto;
La forma y el contenido de la Administración ya está alterándose por el impacto de la automatización en particular a través de la utilización expansiva del procesamiento automático de datos (ADP), un medio por el cual, mediante la utilización de computadoras electrónicas infinitamente grandes y diversas cantidades de información éstos pueden reunirse, clasificarse, acumularse y seleccionarse con precisión en un espacio de tiempo increíblemente breve.
Algunas de las funciones básicas de la Administración  - controlados adecuadamente por supervisores, jerarquizados -  pueden ser sustituidas ahora por una computadora que no requiere más que un pequeño grupo de técnicos y expertos para manejarla y ocuparse de su mantenimiento.
La computadora demuestra ser cada vez más útil para la Administración, al ofrecer una amplia información actualizada para apoyar la planeación, el control y la toma de decisiones, específicamente en el funcionamiento de procesos administrativos nuevos tales como la investigación operacional
El gran peligro consiste en que los cambios  introducidos podían conducir a un grado de inestabilidad tan alto en la organización social que podría prolongar indebidamente e incluso evitar recoger todos los frutos que promete el invento.  Se requieren modificaciones fundamentales y en nuestra prisa podríamos fracasar en adoptar dichas disposiciones preparatorias que son necesarias para garantizar su máxima aceptación.
Debe recordarse que la computadora electrónica no es sino la más sofisticada de las herramientas nuevas y no un sustituto del cerebro humano, un hecho que los proyectistas saben muy bien pero, en su justificable entusiasmo por las maravillas de la ciencia, tienden a pasar por alto. De ahí sus retratos color de rosa sobre el mundo en el siglo XXI, los cuales proliferan en la prensa, en las aulas y en impresos más permanentes.
Vista la situación en los ’70 del S. XX, la IA de hoy se refiere a los sistemas que manifiestan un comportamiento inteligente, pues son capaces de analizar su entorno y pasar a la acción  de manera semiautónoma  para lograr un objetivo. Conforme se avanza en la eficacia del nuevo instrumento de ayuda  para la toma de decisiones  se incrementa el debate sobre el rol de los humanos que obtenga un impacto positivo, lo que significa control y responsabilidad. Esto es porque la IA procesa mucha información que para los humanos es muy costosa o imposible y además no podemos   trazar el camino por el que la IA llega  a una conclusión que puede ser crítica (intervenir quirúrgicamente o no, otorgar una beca, un título,una subvención, una prestación social, una acreditación y hasta una sentencia de pena capital). 
Hernández-Orallo, catedrático de la Universidad Politécnica de Valencia y miembro del Instituto Valenciano de Investigación para la Inteligencia Artificial, apunta que «Emplear algoritmos, si están bien evaluados y diseñados, puede llevar a decisiones mucho mejores que las que realizan los seres humanos en multitud de ámbitos. Y eso va a ir a mejor, porque va a estar más vigilado y regulado». Otra cuestión, añade, «es la desigualdad económica. Me preocupa que la inteligencia artificial esté en las manos de unos pocos en estos momentos. Sobre todo en el tipo de sociedad en que vivimos, donde el que gana se lo lleva todo. Como no regulemos -y en la situación actual es difícil hacerlo- para que este tipo de gigantes por lo menos paguen sus impuestos, tendremos un problema».

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