martes, 19 de marzo de 2013

Límites en la acción Pública estatal: ¿Quién define?

Hobbes,Von Stein, Von Humbolt, Adam  Smith ofrecieron respuestas a sus tiempos, son referentes de muy alta factura sin duda, pero  ahora son otros los problemas y otras las soluciones. La arquitectura institucional ya no responde, lo actores políticos no están a la altura, el modelo del bienestar no ha sido todo lo eficaz que se esperaba y la deconstrucción de este no ha servido para otra cosa que para el colapso económico y la ocupación de los poderes perversos y antisociales. Nuestro orden político está gastado.
Se ha indicado que nos encontramos, no sólo tanto en un cambio de era sino en lo que Karl Jaspers  denominó tiempo  eje. Como si ahora otra vez estuvieramos en aquel siglo IV AC  en el  que se fraguaron las grandes civilizaciones. En ese tiempo y en una línea geográfica entre los paralelos 40 y 20 se dieron  la aparición del Budismo, Taoísmo, Confucionanismo, las Upshanidas  hinduistas, la doctrina de Zoroastro en Persia; la impronta de Elías,  Jeremías e Isaías  en el judaísmo, y el llamado paso del Mito al Logos en Grecia.     
Hic et nunc el proceso de deconstrucción administrativa sigue y sigue, lo próximo está en la  Ley de racionalización y sostenibilidad de la Administración local, según la cual Los ayuntamientos de menos de 5.000 habitantes serán intervenidos, se procederá a la disolución de mancomunidades y se redistribuirán  competencias en función del tamaño del municipio. Pero esto no son más que medidas coyunturales, lo que se precisa es una  nueva lógica en la acción gubernamental, tanto en el diseño político como en la implementación técnica y ésta ha de ser de calibre equivalente al cambio de aires que estamos saboreando en el Vaticano con el esperanzador nuevo papado.  
Sin duda, quien debe definir es la propia sociedad aquello que desea que sea gestionando colectivamente y que todo apunta a mantener los pilares básicos del bienestar aunque con nuevas lógicas más colectivas y sociales, entre las que sin duda se haya la intromisión perversa y arbitraria en lo que no concierne al bien común. Los partidos políticos no pueden atribuirse el monopolio de la acción social, es notorio la desafección social por la política, y que ésta no resuelve los graves problemas sociales.
Una nueva política supone una nueva dimensión humana, que parta de las aportaciones de las otras ciencias sociales (antropología, sociología, psicología, economía,…) si quiere dar respuestas válidas a un tiempo nuevo que habrá de venir más pronto que tarde, y que ha de jugar un rol neguentrópico frente al caos y colapso del modo socioeconómico actual. En esto estamos todos, sobre todo si pensamos en nuestros hijos y alumnos, propios o ajenos, próximos, prójimos o lejanos.
Si en definitiva como resultado  habríamos de pensar en una nueva forma de organizarse el Leviatán de otrora, no sirve. El progreso y la cultura actual exige la superación de las condiciones sociales y antropológicas que hicieron pensar en él como solución. No obstante no olvidemos que  el dilema Rousseau-Hobbes sigue estando ahí.

Modelo de bienestar actual: Politólogos universitarios opinan

Esta perspectiva que he mostrado debe contrastarse con la  propia de personas que pronto estarán aptos para transformar el status quo mediante su aportación al mercado del trabajo. Así pues, voy a dejar muestra de  lo que piensa algún  politólogo aún universitario sobre el modelo de bienestar cuya argumentación descriptiva-prescriptiva merece ser expuesta a renglón seguido(1), toda vez que me consta que otros politólogos ya en curso de la acción pública están colaborando muy eficazmente por mejorar el estatus presente .
 (…) El Estado del Bienestar está en crisis, pero esta crisis se debe más a la mala gestión que ha tenido, que a su insostenibilidad, aunque se ha hecho evidente que no puede abarcarlo todo. Por ello, no se trata tanto de desmantelar el Estado del bienestar, como de plantearse a dónde quiere ir, ver hasta qué punto es responsable el Estado de cubrir las necesidades (qué necesidades), y qué deben asumir los ciudadanos. Es decir, replantearse  el modelo mantenido hasta ahora.
Una de las causas que podría haber llevado a esta situación es la falta de consenso acerca de lo que se entiende por bienestar. No es ya que varíe de un Estado a otro, es que en una misma sociedad puede haber diferentes concepciones y prioridades. Se trata de saber qué necesidades se consideran básicas y cuáles no. La sociedad occidental ha experimentado un desarrollo tan alto, tanto en libertades y derechos, como en tecnología (lo que ha llevado a un estilo de vida mucho más cómodo que en cualquier otra época histórica) que tal vez ha olvidado que no puede exigir como derechos lo que no pasan de ser deseos. El interés de los partidos políticos por captar votos ha llevado a prometer lo que los distintos datos señalan como demandas sociales, sin plantearse la pertinencia de estas, de forma que se ha acabado generando un círculo vicioso en el que, como se promete todo lo que se pide, se acaba asumiendo que lo injusto es no tenerlo. Esto puede ser incluso bueno en una sociedad o mundo sin desigualdades, en el que ya se han cubierto todas las necesidades primarias, sin carencias y tendente a mejorar. Pero no cuando no solo no se ha logrado, sino que ni siquiera ha habido un debate real sobre lo que se quiere. Además, en este contexto, llega a ser inasumible cualquier retroceso, y se corre el riesgo de que la desactivación de determinadas políticas, que puede ser racional, se considere inaceptable, de forma que se acaben considerando igual aquellas políticas básicas para cualquier sociedad democrática y aquellas otras que en el fondo son accesorias (buenas, pero prescindibles en un momento dado). Es precisamente la democracia el sistema político que permite abrir un debate sobre cuáles son las prioridades que debe tener en cuenta el Estado, admitiendo cauces de expresión y participación de la sociedad, que no puede dejar de ser tenida en cuenta, pero a la que tampoco debe eximirse de responsabilidad.
Por otra parte, el que se produzcan efectos perversos como consecuencia de las políticas que supuestamente buscan una mayor justicia social, lleva a plantearse si en realidad ha habido alguna vez realmente un Estado del bienestar, y si la crisis que se manifiesta ahora no es más que la muestra de una realidad que no se quería afrontar. Aunque es innegable el avance que se ha experimentado, por lo que, en este sentido, seguramente muchas de las cosas que se dan por supuestas hoy en día, no lo son tanto, y alguna de las necesidades que se consideran “básicas”, tampoco lo son, sobre todo si se comparan con las condiciones de vida que tiene la inmensa mayoría de la población mundial.
Otra de las causas, relacionada con la anterior, ha sido la pretensión de abarcar un espectro tan amplio de demandas, que el gasto social ha terminado siendo muy superior a lo que podía asumir. La solución ahora parece pasar, de nuevo, por reducir las prestaciones sociales, pero el Estado no puede olvidar que debe ser capaz de garantizar que existe una justicia, en términos de redistribución de la riqueza en la sociedad. El hecho de que algunos sectores se privaticen no implica necesariamente una desactivación de políticas, sino una gestión eficiente de los recursos; posiblemente, en el futuro se necesite una mayor colaboración entre el sector público y el privado, sin que este último desplace al primero, pero sí liberándolo de gran parte de la carga. Debería encontrarse entonces un equilibrio, de manera que sea el Estado quien se ocupe de aquello que se ha definido como necesario (por ejemplo, la sanidad), y el sector privado de aquellos otros sectores que, debiendo ser accesibles para todos, pueden ser menos accesibles en términos económicos sin que por ello exista un retroceso (por ejemplo, el transporte). Por parte de la Administración, tal vez ha habido una despreocupación por la gestión ante la falsa seguridad de que la economía solo podía mejorar, y a la par, se han ido concentrando todos los poderes de decisión en el Gobierno, de modo que el Parlamento no ejerce un auténtico control sobre este. Además, se da en la práctica una identificación entre uno y otro, por cuanto quien tiene la mayoría parlamentaria puede sacar adelante la mayor parte de normas legales, y las disfunciones que presenta uno, termina por presentarlas el otro. Desde la Administración deben llevarse a cabo análisis, actuar de forma que no se separe la política de la justicia, una capacidad de previsión (convergencia entre el político y el técnico), y, en general, una capacidad de hacer frente a las adversidades. No es posible hacer una ciencia de la política, tratando esta como si se fuera una ley de la naturaleza, de forma que las cosas puedan ser de una manera pero no de otra; es decir, la justificación de una política no puede ser la política misma (más si esta se entiende esencialmente en términos electorales), sobre todo porque a diferencia de las normas, es susceptible de reinventarse, de dar paso a nuevas opciones sin necesidad de terminar con las instituciones. Es el político el que debe marcar las directrices, pero partiendo del interés general, y sirviéndose de la experiencia del técnico; pero no cabe, en un sistema democrático, que sea el técnico quien dirija, dado que ello llevaría al estancamiento de la política o a una suerte de positivismo, de modo que con independencia del gobernante, la solución fuera siempre la misma. Las circunstancias exigen que se vayan produciendo cambios, pero estos no deben dejar de lado la ideología imperante en una sociedad: debe ser el político y no el burócrata el que tome las decisiones.
(…)
Si ha habido una mala gestión, la solución entonces pasa, o bien por cambiar los gestores, o bien por cambiar la forma misma de gestión, o ambas. Es necesario que quien dirija, sea capaz de tomar las decisiones adecuadas en un momento determinado, aunque estas no le vayan a reportar popularidad (los recortes actuales son el más claro ejemplo de ello). La idea de que siempre se va a mejorar, que la generación siguiente vivirá mejor con que la anterior parece haberse quebrado con la llegada de la crisis económica. No obstante, no cabe esperar una serie de prestaciones sin dar nada a cambio. Desde la sociedad, hay un incremento de exigencias, hasta el punto de que se conciben como derechos lo que en el fondo son concesiones y, por otro lado, hay una serie de derecho que necesitan de una respuesta, porque no pueden mantenerse solos. Por poner un ejemplo, exigir el derecho a la educación universal está muy bien, pero no tiene mucho sentido que luego se proteste por tener que estudiar. No es que sea incompatible, pero habría que plantearse hasta qué punto el problema de la educación deriva de la falta de financiación, y no de la falta de atención o de interés. El problema sigue siendo el mismo: se exige que esté garantizada, pero no se está dispuesto a asumir las consecuencias de lo que se solicita.  Debe haber una coordinación entre el Estado y la sociedad, de forma que el primero atienda las necesidades de la segunda, y la segunda esté dispuesta a participar y recibir lo que ha exigido.
Por tanto, debe haber una auténtica relación entre la Administración y la sociedad, porque de lo contrario es fácil desviarse del objetivo marcado, especialmente si este se formula en términos ambiguos en una Constitución. Esta, para desarrollarse, necesita ir adaptándose a las diferentes circunstancias, y en estas circunstancias, es imprescindible la comunicación entre quienes gobiernan y quienes son gobernados. Evidentemente, las decisiones no pueden tomarse con una certeza absoluta, pero se trataría de hacer un esfuerzo por parte de ambos, mucho mayor del que se ha hecho hasta ahora. El recurso al Estado, la confianza en él, no puede provenir (ni el Estado reclamarlo) de inseguridades externas, como el terrorismo (o últimamente, el miedo a la Unión Europea/Alemania), sino porque este es eficaz, porque hay una correspondencia entre lo que se reclama y lo que se recibe; porque es capaz de garantizar que la libertad conseguida hasta ahora es capaz de mantenerse. (...)
(1) Extracto de trabajo universitario reciente sobre  Gestión Pública. 

Leviatán y los límites en la acción del Estado: ¿Protegerse de?

Thomas Hobbes diría en su obra magna  (…) Es así como en el estado de naturaleza están las tres  fuerzas que provocan la guerra entre los hombres: competencia, desconfianza y - gloria. La competencia lleva a atacarse por un beneficio. La desconfianza por la seguridad y la gloria por la fama. La competencia usa la fuerza para dominar. La desconfianza la usa para defensa y la gloria la usa por algo personal, por sentirse humillado en su reputación. De esto deriva el estado de guerra permanente de unos contra otros. Los hombres viven con la única seguridad de su fuerza usada contra otros. Así la sociedad no es posible. La vida cotidiana carece de sentido, no se emprenden trabajos colectivos, ni se piensa en el futuro. Todo es efímero. El hombre vive aislado, triste y desea morir para terminar con este estado de guerra donde no hay justicia y la única ley es la fuerza, ya que en la guerra no hay sentido de pertenencia, las cosas se toman y se lucha por conservarlas. Esto se puede superar por las pasiones y por la razón. Las pasiones llevarán al hombre a querer vivir en paz, a temer por su vida y a querer una vida confortable. La razón lo hará pensar en las normas, en las leyes consensuadas (…)
Es sabido que la apuesta por un poder absoluto venía del carácter temeroso además del ambiente hostil de su época. Así el Leviatán -  Estado o Civitas -  es una construcción para remediar el   estado de naturaleza en el que los seres  guiados por el instinto de supervivencia, el egoísmo y  la ley del más fuerte  se hallan  en una guerra de todos contra todos que haría imposible el establecimiento de sociedades en  paz y la armonía. Sin el  Leviatán todopoderoso sobreviene el caos y la destrucción  convirtiéndose el hombre en un lobo para los otros hombres. Solución hobesiana supone  la necesidad de un pacto o contrato social mediante el cual, los poderes individuales se transfieren preferiblemente a un solo hombre  o a una asamblea de ellos: el Estado o Leviatán que, como el monstruo bíblico, se convierte en el soberano absoluto y cuyo poder aúna todos los poderes individuales.
 El concepto puro del Estado de Von Stein conlleva un movimiento hacia la libertad que se contrapone al movimiento hacia la servidumbre que caracteriza a la sociedad. El Estado ideal no se deja arrastrar por la clase dominante, como en el Estado real, pues se contradice con su situación de dominio. El Estado, por encima de la sociedad, brilla más limpiamente cuanto más pretenden someterlos las fueras imperantes en la sociedad. Estado es por su esencia pura – como en Hegel – algo trascendente.
Más tarde Lorenz Stein continúa su planteamiento haciendo recabar en la Monarquía social – aprovechando la buena imagen de las monarquías europeas en la tradición clásica de la filosofía política del mundo cristiano-germánico-  un árbitro institucional que represente al Estado, situándose por encima de los intereses de la sociedad. Von Stein – influenciado otra vez pro Hegel – considera positivamente a la monarquía por su carácter histórico de integración y dinamización. “La monarquía occidental no ha funcionado como popa sino, como proa en la gran navegación del mundo europeo” llega a decir en un momento en que esta institución se siente más atacada que nunca.
En la órbita liberal Guillermo VON HUMBOLT, uno de los intelectuales alemanes de mayor y más perdurable influencia en la cultura de su país ,diría  en 1792 en Los límites de la acción del Estado,  que el crecimiento administrativo conducía a la atrofia de la sociedad civil entorpeciendo la vitalidad de la nación. El acento del Estado  debe ponerse en la procura del bien público  y en la evitación del mal. La búsqueda de la felicidad por parte del Estado suele derivar en burocracia indolencia y falta de libertad. Así diría (…) puedo establecer este principio positivo , el mantenimiento de la  seguridad, frente al enemigo exterior, como frente a las disensiones interiores debe constituir  el fin del estado y el objeto de su actividad.
Para Humbtolt la auténtica finalidad del hombre es la educación máxima y más equilibrada de sus fuerzas para formar un todo. Para esta educación es la libertad la primordial y la más imprescindible de las condiciones. (...) Precisamente aquella, que surge de la unión de la diversidad, es el bien más alto que da la sociedad y esa diversidad se pierde con certeza en el mismo grado en el que el Estado se entromete. De hecho, no son los miembros de una nación los que viven entre sí en sociedad, sino que son súbditos aislados los que se relacionan con el Estado, es decir, con el espíritu que rige su gobierno, de tal forma que la superior fuerza del Estado impide el libre juego de fuerzas. Causas similares producen efectos similares. Es decir, cuanto más interviene el Estado, más semejanzas presentan no sólo los efectos, sino también lo realizado. (...)
Casi todos lo que han intervenido en las reformas de los Estados o han propuesto reformas políticas se han ocupado exclusivamente de la distinta intervención que a la nación o a algunas de sus partes corresponde en el gobierno, del modo como deben dividirse las diversas ramas de la administración del Estado y de las providencias necesarias para evitar que una parte invada los derechos de la otra. Y, sin embargo, a la vista de todo Estado nuevo a mí me parece que debieran tenerse presentes siempre dos puntos, ninguno de los cuales puede pasarse por alto, a mi juicio, sin grave quebranto: uno es el de determinar la parte de la nación llamada a mandar y la llamada a obedecer, así como todo lo que forma parte de la verdadera organización del gobierno; otro, el determinar los objetivos a que el gobierno, una vez instituido, debe extender, y al mismo tiempo circunscribir, sus actividades (...)
Leía hace poco  en  prensa escrita que en la que estamos es muestra de la extensión de la cultura del mercado ha reducido al ciudadano a un hombre económico y que dada la promiscuidad entre política y dinero, la corrupción aparece como sistémica. Sigo leyendo que donde no impera el orden político, se cuelan los poderes oscuros y perversos. En ello se imputa al modelo liberal la causa del desprestigio de lo  político por mor de que este no haga eficaz lo que pretende, sino que deje al poder económico a su libre dinámica.
En prensa muy reciente puede leerse que la muerte de más de 20.000 pacientes de hospitales británicos podría haberse evitado si los responsables de la sanidad pública y el poder político hubieran atendido a las alertas sobre la elevada tasa de defunciones en varios centros a lo largo de la última década. Todo ello es debido, según un asesor del Gobierno, a las extremas negligencias por parte del personal médico, administrativo y los propios gestores del sistema, con el resultado de tantas muertes innecesarias.
El primer ministro británico, califico de verdaderamente espantoso el funcionamiento de al menos 14 hospitales del National Healthg System – especialmente en los centros del condado de Stattfordshite, donde los pacientes incluso se vieron privados de agua y alimentos.
Ya en 1932  Madariaga en ‘Anarquía o Jeraquía’ denunciaría la incongruencia del sistema liberal en el que si la política respectaba el ámbito de la política, no  sucedía  lo contrario. Decía Don Salvador  el mundo se hallaba gobernado por la banca oficial y que como poder dominador e irresponsable era extraño a Platón y al mismo Montesquiaeu.
Un poco antes Herman Heller a finales de la década de los ’20 del S XX en plena crisis del parlamentario y auge  de los totalitarismos avisaría de la necesidad de transformar el Estado liberal  hacia un contenido económico y social, idea que se institucionalizaría en Alemania en la constitución de 1949. Este nuevo leviatán protector que es el Estado  social del bienestar, se muestra, en plena sociedad del riesgo -  ahora incapaz de atender una de las tareas básicas del estado social desde sus orígenes, la salud de sus ciudadanos, mientras que se inmiscuye en tareas superfluas, utilizando los recursos públicos para hacer negocios y controlar al indómito. Por eso es  de   referencia la lectura de Gonzalez Seara (Las estructuras del Bienestar.Propuestas de reforma y nuevos horizontes (2002) de que “(..)hay aquí un problema de difícil solución, que llega hasta nuestros días. La defensa de la libertad es necesaria para impedir el abuso del poder del Estado, pero el Estado es necesario para evitar el mal uso de la libertad por parte de los individuos y para garantizarle la libertad (…).
Hobbes,  Hegel y Stein de una parte, Kant, A. Smith y Von Humbolt, dando soluciones distintas al dilema.
Yo digo que si el  Estado se utiliza perversamente, si el Estado no cumple con su función heterordenadora, la sociedad deberá autocomponerse. O bien Estado o bien una suerte de Anarquía Organizada, en el sentido de que no puede aceptarse la dominación jerárquica si esta es incapaz de ordenar la dicotomía Estado-Sociedad como pretendió el pensamiento administrativo para el Estado Social. Así con  el citado Madariaga debe reafirmarse que (…) la finalidad del individuo como hombre y su subordinación al Estado como  ciudadano son perfectamente compatibles, por que el Estado sirve al hombre en la esfera de los fines y de los valores y es servida por él en la de las funciones y los medios, o en  un palabra, el ciudadano es  para el Estado y  el Estado es para el hombre (…)
La acción estatal debe tener por fin primario eliminar los obstáculos que parte de la sociedad va poniendo al resto de la misma (corrupción, malas prácticas sociales, abusos de poder, subvenciones de lo superfluo, carrera política, apropiación de lo público, contubernios entre la política y la insana economía,…)
La generación de jóvenes percibe esto como un mal social que hay que erradicar ya  pues cuanto más se tarde, más se verán afectados por ello, no obstante en lo cotidiano, el dram que supone el alto grado de desempleo juvenil. Hay que escucharles y tenerles en cuenta  en lo inmediato, para que tomen el relevo en la gestión social, acto seguido, y no será porque no tienen criterio sobre lo que sucede a su alrededor.

jueves, 28 de febrero de 2013

Administración Pública y Gobernabilidad

Desde el pasado diciembre no he podido trabajar en el blog porque estaba terminado este libro que ahora presento  titulado como el blog y que recoge buena parte del contenido de este. En puridad el mismo tiene finalidad pedagógica y divulgativa.  El libro de 292 pps está disponible en http://www.lowcostbooks.es/Derecho.html   y su presentación y contenido es el que sigue
PRESENTACIÓN
Desde el año 2002, a la par que he venido preparando mis clases en la Universidad y desarrollado diversas investigaciones acerca de la Administración  Pública, he  venido publicando en diversos medios de prensa web o escrita o publicaciones especializadas, reflexiones  acerca del rol actual de la Administración y los fundamentos teóricos de ésta. De manera no sistematizada, han venido apareciendo entradas en  mi blog ‘Administración Pública y Gobernabilidad’  cuyo nutriente han sido especialmente reflexiones sobre la actualidad  social, resultados de la actividad investigadora  o cuestiones de debate con mis alumnos de licenciatura, grado o postgrado o de los centros de formación de empleados públicos. También hay que reconocer mérito a ese gran inquisidor que es la  experiencia profesional, en mi rol de asesor  pro y contra la Administración, jurídico o no, así como en las relaciones de colaboración público-privada.
La elección del título para el blog que inauguré en marzo de 2009, guarda su relación con el  giro en la Ciencias Administrativas, al haber éstas pasado en muy poco espacio de tiempo, de una perspectiva clásica de corte descriptivo a otra de mayor énfasis prescriptivo, a la par que se iba consolidando un proceso de disolución en la Ciencia matriz en favor de disciplinas nuevas más abiertas y amplias como resulta del análisis de políticas o de los nuevos mecanismos y formas de  gobernabilidad. 
Parte de las buenas cosas que suceden y de las que, por fortuna  no suceden, son consecuencia directa de un buen funcionamiento de la organización administrativa pública y de su anclaje en la racionalidad tecnoburocrática, pero otras son consecuencias de un mal hacer o de un desafortunado decidir.  En una de las entradas del Blog dimos cuenta de que una de las causas que hicieron posible el éxito de los secuestros de los aviones que sirvieron para los ataques del 11-M, fue la gestión privada de las funciones de control, policía e inspección, en el servicio de seguridad en el transporte aéreo en los Estados Unidos de Norteamérica. Éstas estaban en manos de las propias compañías aéreas y los trabajadores que las desempeñaban estaban en condiciones muy precarias, muy desmotivadas con escasa formación y con una rotación de personal muy frecuente. Se ha señalado que el trabajo estaba  considerado en el ranking por debajo de las cadenas de comida rápida debido a las penosas condiciones laborales; fines de semana, turnos de noche, stress….  Una evaluación posterior al evento terrorista desveló  que cerca de  750.000 personas  venían accediendo  a los aviones sin ningún tipo de control sobre si portan armas, si tenían antecedentes criminales u otras circunstancias.
Este acontecimiento dio lugar a la creación ad experimentum de una agencia federal dependiente del Ministerio de Transportes (Transportation Safety Administration), que implica  que el control de equipajes y seguridad quedará en manos de  28.000 empleados  federales”.
Tampoco es casual que el primero de los edificios  reedificado,  el World tarde Center 7, es ahora el más seguro de los rascacielos de la zona cero y ha servido a  la Administración de la ciudad de Nueva York para exigir un estándar  de seguridad en la edificación, tomándolo como modelo. Posiblemente en nuestra Europa hubiera habido una norma previa en la ordenación de la edificación  para la construcción de nuevos rascacielos.
 Sirvan estos  ejemplos para laconveniente reflexión sobre el rol  actual de la Administración Pública  en pro de la gobernabilidad conforme a los valores sociales - justicia, paz y progreso - significando la alta función de quienes la dirigen y gestionan. La Administración se presenta en su cometido clásico de instrumento al servicio de la filosofía política y de la ordenación de la pólis, funciones que hoy quedan incardinadas en la idea de Gobernabilidad.
Dentro de mi enfoque, en este caso una apuesta por lo público, por la ordenación ad hoc  de lo  que atañe a lo colectivo, hay una intención divulgativa de presentar un análisis de una  actualidad – la de esta  década pasada  – dinámica, cambiante e incierta como nunca, en el  que casi sin  darnos  cuenta estamos cambiado de era y de paradigma administrativo.
Las dos partes  del libro representan la doble  intención divulgativa y  pedagógica y mientras la primera parte aborda  la intelección conjunta de ADMINISTRACIÓN,SOCIEDADY GOBERNABILIDAD,una segunda   titulada¿QUO VADIS BABEL?recoge las reflexiones sobre dicho trio en estos últimos diez años en uno tono que ciertamente puede calificarse de pesimista y a veces incluso ácido, aunque predomina másla intención de crítica constructiva con el anhelo de presupuestos más sólidos ideológicamente.
La obviedad de la propedéutica de la primera sobre la segunda excede de la mera preparación pedagógica, pues refleja cuestiones que científicamente siguen siendo muy polémicas, o incluso que tenidas por aporías imposibles, han devenido en periclitadas. Lejos pues cualquier propuesta axiomática más allá del sentido común, la pretendida bonhomía de los decisores públicos y esa categoría propia de la buena administración son en buena parte  los antídotos clásicos  para combatir  a  los  enemigos de siempre y los nuevos titanes del siglo XXI de los que hablaba Junger.
Una hipótesis aún débil hablaría  de un escenario de deconstrucción del modelo clásico,  a la vez que  busca paradigmas nuevos que sustituyan a las dinámicas de poner vino nuevo en odres viejos o de seguir el método ensayo-error que ha caracterizado en buena parte a la Nueva Gestión Pública (NPM) en estos 25 últimos años.
Es este un libro destinado fundamentalmente  al alumno universitario que cada día, precisa más de leer a Ortega y Gasset y su ‘Misión de la Universidad’ de 1931 para reformular in radice lo que debe ser la Universitas.  Me refiero  sin duda a opción orteguiana  por el saber universal para el hombre medio sobre su cultura ambiental. Desde ahí formar buenos profesionales y en algún caso los mejores investigadores. El universitario debe ser orteguianamente ese hombre medio que conoce su medio circundante, máxime ahora tan dinámico. En la perspectiva orteguiana del hombre medio cultopara su época, era un universitario, potencialmente un buen profesional pero no necesariamente un científico, y  sería aquel que conocía de las grandes disciplinas culturales; Física, Biología, Historia Sociología y Filosofía. La transmisión de estos conocimientos era  y es la función primaria y central de la Universidad  y a ello hay que volver, sobre todo en el plano de las ciencias sociales y en lo que me ocupa ahora a los politólogos.
En la praxis política debe ajustarse eso que en sociología de las organizaciones se llama función, fin y objetivos. Sin esto claro no se entiende como gobernar a la sociedad actual mediante una organización al efecto.Si el gestor de lo público no ejerce sus funciones  como mínimo con el nivel del hombre medio culto de estos tiempos, tendremos más  de lo mismo, ignorancia e ineptitud. Hoy a determinados niveles  de gestión política no puede permitirse esta incapacidad cultural general y específica para la Gestión de lo Público.
El sociólogo Gónzalez Seara en su aportación “El bienestar social en una época insegura” a la obra  Las estructuras del Bienestar.Propuestas de reforma y nuevos horizontes (2002) da cuenta de los avatares del Estado del bienestar, de sus peligros, miserias  y miedos que sin duda se acrecientan en una época de cambio como la que vivimos. La Administración Pública está cambiando porque cambian sus suprasistemas metasistémicos - el Estado y la Sociedad -. Esta mutación debe entenderse en el marco de cambio de era histórica que estamos viviendo y ya ha sido descrita por Paul Kennedy conforme a lo siguiente;(…) Hemos visto la disminución del peso del dólar, la desintegración de los sueños europeos, la carrera armamentística en Asia y la parálisis del Consejo de Seguridad de la ONU cada vez que se amenaza con un veto; acaso no indican todas estas cosas que estamos entrando en terreno desconocido, en un mundo agitado, y que, en comparación con él, la visible alegría de los clientes que salen de una tienda Apple con un dispositivo nuevo resulta, no sé, tonta y sin importancia? Es como si estuviéramos de nuevo en 1500, saliendo de la Edad Media hacia el mundo moderno, cuando las multitudes se maravillaban ante cualquier arco nuevo, más grande y más poderoso. No deberíamos tomarnos nuestro mundo un poco más en serio?
EL ÍNDICE
PRESENTACIÓN
PARTE PRIMERA. ADMINISTRACIÓN,SOCIEDAD  Y GOBERNABILIDAD.
1.-  HISTORIA Y PENSAMIENTO ADMINISTRATIVO
1.1 Civilización y administración 
1.2 La Pólis griega
1.3 La Res Pública y el Imperium  en  la Civitas romana  y el orden clásico posterior
1.4 De la ‘vieja Policía’ a la ‘nueva Administración’:  Eudemonia y Bienestar 
1.4.1 Policía y  Cameralismo
1.4.2 La Policía ilustrada
1.5 Pensamiento Administrativo Público  y  Ciencia de la Administración 
1.5.1 Al principio eran uno
1.5.2 Y luego  tres 
1.5.3  Los Gozos: La divulgación primigenia y la década de 1950
1.5.4 Las  sombras: Deconstrucción Administrativa y Disolución de la Ciencia de la Administración.
1.6   Una sistematización propedéutica
2.-LA GESTIÓN DEL ESTADO ACTUAL
2.1  El Estado en cuestión: ¿Una cuestión de Estado?
2.2 La búsqueda de un nuevo paradigma político-administrativo
2.3 Babilonia y la confusión de lenguas
2.4 Gestión Pública y Argumentación Administrativa
2.5 Ordenar  y sistematizar para prescribir
2.6 A modo de desideratum
3.-EL SISTEMA SOCIAL
3.1 La perspectiva holística y metodológica de la Teoría General de los Sistemas
3.2  Sistemas por todas partes
3.3  Sistema Político-Administrativo
3.3.1 Sistema Político-Institucional
3.3.2 Sistema administrativo
3.4  El Control de los Sistemas
4.- LA GOBERNABILIDAD
4.1 Precisando ideas y conceptos
4.2 Rol del Estado moderno: Aseguramiento de la gobernabilidad mediante  funciones administrativas
4.3 Retos en la Gobernabilidad actual y Gestión Pública
PARTE SEGUNDA: ¿QUO VADIS BABEL? (2002-2012)
I.     AVISO PARA NAVEGANTES
Políticos y políticas para una gestión del cambio climático
La oferta electoral y «la navaja de Ockham»
La fábula de las abejas
Sarkozy: ¿será el matadinosaurios?
¿Quo Vadis Administración valenciana?
¿Dilemas en el ejercicio del gobierno?
Qui pro quo’ y el compromiso ciudadano en la gobernanza
Do ut des’ y exigencias al ejercicio del gobierno
Gobernabilidad y Gestión Pública
Renovarse o …
Administración Pública y Gestión Pública: Breve reflexión sobre su papel actual
Administración Pública y Valor Público
2009: Tiempos de incertidumbre
Los Treintaiséis justos
Eurorregión o pragmatismo anticrisis
Salvando al soldado Ryan: Memoria del día D y afección por Europa
Etsi Stato non daretur: A propósito de Vicente Ferrer
¡Crisis¡ ¿qué crisis?
¿Corrupción o Corruptelas?
Haití: Otro Estado más sin Estado
E-Administración, Neoburocracia y McDonaldización
No se sale de la crisis por Decreto
Pensamiento intelectual y Gobernabilidad
La corrupción de la alfombra
¡Dices tú de burocracia¡
Sobre Municipios y Provincias
II.- ¿DECONSTRUCCIÓN ADMINISTRATIVA?
Ordenar Babel
Ciencia Administrativa descriptiva y prescriptiva: Retos sobre los estudios del nuevo grado en 'Administración y Gestión Pública’
¿Qué Administración necesitamos?
Políticas de Administración y Gestión de Políticas
La confusión está servida: Más madera
Ni está, ni se le espera
Agencias y 'Agencias'
EBEP: ¿frigorífico, cava, UVI?
Libre designación: Perversidad o necesidad de una guardia pretoriana
Experimentalismo y otros paradigmas de actuación en la Administración Pública
Más que Brotes verdes
China también copia Gestión Pública española
La Administración siempre presente: Gobiernos liberales y políticas Keynesianas
Evaluación para el desempeño: Aviso a navegantes
Funciones Públicas, negocios privados
Buena administración y buen gobierno: Praxis, teoría,  problemática y  metateoría
Modernizacion/Reforma administrativa: De la D3 a la R3.
Gestión pública innovadora 
Intelectualidad vs. Política o racionalidad técnica vs. racionalidad política
Burocracia y Buropatologías
La Ciencia de la Administración en la construcción de la idea de la Europa social 
Acción Pública cartesiana vs. Acción Pública sistémica
Propuestas para la crisis en el Sector Público
Dominación burocrática
Tiempos revueltos: La cuestión del Estado; una cuestión de Estado, el Estado en cuestión o el estado de la cuestión.
Crisis,botín  y   administración de la miseria
El futuro de la Gestión Pública en la Unión Europea
Gestión Pública de hojalata
Trasparencia Pública: Investigación vs. Gestión
Opiniones (no electorales) sobre Administración Valenciana
Rebajas (electorales) sobre Administración Valenciana
La deconstrucción político-administrativa
15-M: Luces y sombras para la gobernabilidad
Indignación administrativa
La necesidad hace virtud
OCDE: 'Panorama de las Administraciones Públicas 2011'
A buenas horas, mangas verdes
El patio de mi casa es... muy particular
Sacrificios espurios: Bienes internos y externos
Bueno, Bonito y Barato
Dinámicas de cambio en el Empleo Público
Lo que buscaba Confucio y siguen haciéndolo otros muchos
Asesores y asesorados
Bienestar para distintos tiempos
Malestar por el bienestar
De vuelta a los Arcana
El bucle de la educación
Administración Pública y soluciones al problema del desempleo
Política y/o Tecnocracia
Todo bajo sospecha
Aprendiendo de la Historia administrativa
Lo público y lo privado: Cuasi mercados y  externalización
Bonos patrióticos y recuperación de activos públicos
Un paso al frente, quienes ...
El sentido privado de lo público y el sentido público de lo privado
La tribulación democrática: El abuso del poder
La esperanza: La sociedad responsable
Decálogo de la corrupción pública
David Crockett: Ejemplaridad en el gasto público
Mirando a Diógenes
Emprendedores  vs.  Saqueadores
No sólo la economía, también es la buena Administración
Algo de honestidad y racionalidad en el debacle administrativo
Con la mosca tras la oreja 
¿Es sólo ineptitud?
No se puede presumir de lo que se carece
Ese gran titán, con tantas cabezas y manos 
¿Administración de diletantes?: Disfunción o perversión
Fracaso de las clases directoras
Pedro y el Lobo
Ojo con los ERE en el Sector Público
De la deconstrucción a la reconceptualización
Restaurar la Res-Publica
Responsabilidad de visionarios y estrategas
¿Analistas de políticas o meros legitimadores de la decisión?
Fenómenos y epifenómenos de deconstrucción administrativa

Con el deseo de haber acertado y contribuido a la difusión de la Ciencia Administrativa